viernes, 9 de agosto de 2013

Conversaciones.

E: ¿& si me voy a Tijuana? ¿Puedo encontrar trabajo?,  Esto de ser freelance me tiene harto. Necesito irme y por fin tenerte.

C: No lo sé, sólo sé qué eres Arquitecto pero no sé qué es lo que haces exactamente. Es una ciudad grande pero no más grande que la tuya. Pudiera ser egoísta y decirte que vengas.
               Y tenerte.
               Tenernos.
               Ver qué pasa.  

E: Lo sé, a veces lo grande me queda chico. Se egoísta, por favor.
C: ¿Qué quieres? Yo siempre te elegiré a ti. Siempre pienso en ti, seguido reviso si hay algo disponible para mí en tu ciudad y hago planes para irme.
Y luego los deshago todos.
Y luego quiero salir corriendo otra vez y marcarte para decirte que pases por mí al aeropuerto.
Ver qué sucede.

E: Así estoy yo. Con un píe en el vuelo que me lleve contigo y otro que me dice que sólo somos un juego de palabras en este antro, pero pues me da cosa y así.

C: Soy un miedoso. Te tengo miedo, me tengo miedo de ti.
E: Yo igual…
¿Qué pasará el día que te diga “Órale cabrón, aquí estoy ¿Qué vas a hacer conmigo, ahora?
C: Supongo que vamos a rompernos uno al otro.
E: ¿El alma? ¿El corazón? ¿Las ganas? ¿La ropa? ¿La vida?
Supongo que seríamos tanto que no cabríamos en el mismo pueblo.

C: Ya basta. Pon un plazo, un lugar. Hagamos un compromiso y juntemos nuestras vidas en ése punto…
A donde quiera que eso nos lleve.
E: Y qué sea lo que la vida quiera, o no.

C: Te lo estoy diciendo en serio, pon una fecha, un año, un algo, un lugar; prepararé todo para estar ahí, para llegar ahí. A la fregada con esto.
Me tienes harto.
E: Dime un número.
C: Me gusta el 8.
Entiende que esto no será una cita para vernos y tomarnos un café, te estoy diciendo que me des un plazo (se considerado y considerable), trabajaré, ahorraré. Y dejo todo. Y me voy… a ésa fecha a ése lugar. No me gusta Tijuana, no quiero vivir aquí ni seguir aquí.

E: Marzo, 8, 2014.
C: ¿Ciudad?
E: Guadalajara.

C: Trata de no enamorarte en el inter. Si no estás ahí, voy a ir a buscarte donde estés, sólo para darme el gusto de acomodarte un beso y luego un puñetazo.
E: C., si no estoy ahí esa fecha, es porque me adelante y no pude esperar y tome un vuelo a Tijuana.
Para acomodarte un beso y luego mi vida.
C: Así estamos.

E: Agárrate, cabrón. Porque cuando te digo “Te amo”, es en serio y con todas y cada una de sus consecuencias. Te amo, César.

C: Te amo, E.  

miércoles, 31 de julio de 2013

Conversaciones.

Me lo dijo de corazón (herido) y viendo las grietas en la banqueta.

- Dime que es lo que quieres que haga y lo haré, lo haré con tal de quedarme contigo.
- Quiero que vayas a chingar a tu madre, quiero no tenerte que decir que es lo que tienes que hacer para quedarte conmigo.

Le contesté, de corazón (herido) y viendo sus ojos que veían las grietas en la banqueta.

jueves, 25 de julio de 2013

Bitácora de navegación. Jueves 25 de Julio, 2013.


Soy valiente sin ti, cuando me enfrento al sólo de trompeta, 
de mi vida de pirata, de mis barcos con tesoros,
de tormentas que azotan mi llanto en cualquier parte.

Del eco... 

Contigo soy, sin duda, un suicida. 

jueves, 27 de junio de 2013

Espirales.

A veces pienso y me confundo, entre más pienso, más me confundo; más borroso se pone todo. Las ganas se me oscurecen y quiero desangrarte la boca a besos; recorrerte los poros y los olores, los sabores. Sigo pensando. Todo se me cae en espiral, en tu ombligo, en tus huecos, en tus oscuridades.

Pienso, sigo pensando, la espiral de cuerpo me absorbe.



"How happy is the blameless vestal's lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray'r accepted, and each wish resign'd"

martes, 11 de junio de 2013

Caballito de alabastro de Algethi


Este es un post reciclado de mi viejo blog y pertenece a un hombre que comía diccionarios, irónicamente siempre que lo leo logra clarificar las ideas y limpiar la mente, espero lo disfruten tanto como yo cuando le vi forma.






... para indicar la apatía, y en esta zona ovalada de aquí dibujará una línea continua de color negro, representando su nivel de frustración. ¿Me sigue? Los impulsos escapatorios, si esta línea de aquí es ascendente, los marcará con una nube de crucecitas doradas; si es descendente, hará trazos oblicuos de color negro y anotará las causas en este rectángulo. Asignará un número a cada sueño que tenga a partir de ahora (par, si es placentero; impar si le resulta incómodo), y dibujará un círculo naranja por cada elemento del sueño que se le aparezca al día siguiente de camino al trabajo. (Las descripciones, junto con el número asignado, las apuntará por la otra cara del papel). Ahora atento. Un grupo de cinco asteriscos en el centro del diagrama significará que ha visto a K. paseando a su perrito; mientras que una flecha quebrada en la esquina inferior derecha indicará que ella ha pasado por su lado sin saludarle, con o sin Fifí. Si H. paga el café y la camarera le sonríe, dibujará una espiral roja aquí; si lo paga usted y la camarera no le sonríe, trazará una espiral amarilla en el mismo lugar. A su albedrío, borrará uno cualquiera de estos símbolos siempre que olvide algún detalle trivial sobre su infancia o dude sobre qué ropa ponerse para salir de paseo. Anotará aquí el número de sus ensoñaciones diarias relacionadas con el futuro, y aquí abajo la cantidad de errores ortotipográficos que descubra en la factura de su dentista o en las cartas románticas que le envía a mi secretaria. Los detalles de sus decepciones vespertinas relacionadas con su miedo a las arañas escríbalas por debajo de esta línea. Las matutinas, por encima. ¿Alguna pregunta?

El Impasse de Fritz Perls

Cuando nos acercamos al impasse, al punto en que se hace difícil creer que vamos a poder sobrevivir, empieza el remolino. Uno se desespera, se enreda. Súbitamente no entiende ya nada de nada y es aquí donde el síntoma del neurótico se hace muy claro.

El neurótico es una persona que no ve lo obvio. Esto se observa siempre en el grupo. Algo es obvio para todos los demás y la persona en cuestión no lo ve, no ve las espinillas de su nariz. Y esto es lo que tratamos de hacer: frustrar a la persona hasta que esté frente a frente con sus bloqueos, sus inhibiciones, su manera particular de evitar el tener oídos, ojos, músculos, autoridad, seguridad en sí misma. Estamos siempre tratando de llegar al impasse y encontrar el punto donde uno cree que ya no tiene posibilidad de sobrevivir, porque no encuentra los medios en uno mismo. Cuando hallamos el lugar donde la persona se encuentra bloqueada, pegada, nos encontramos frente al hecho sorprendente de que se trata fundamentalmente de un asunto de su propia fantasía. En la realidad no existe. Una persona únicamente cree que no tiene recursos a su disposición. Evita usar sus propios recursos fabricando una serie de expectaciones catastróficas. Espera algo malo del futuro: “la gente no me va a querer”. “Tal vez haga el ridículo”. “Si yo hiciera esto no me querrían más, me moriría”. Tenemos todas estas fantasías catastróficas mediante las cuales nos impedimos de vivir, el ser. Estamos continuamente proyectando fantasías amenazantes al mundo y estas fantasías nos impiden correr los riesgos razonables que son parte del crecer y del vivir. Preferimos mantener el statu quo: mejor quedarse en un matrimonio mediocre, mentalidad mediocre, que atravesar el impasse. Muy pocas personas entran en la terapia para ser curadas; lo hacen más bien para cultivar su neurosis. Preferimos manipular a otros para conseguir su apoyo, que aprender a pararnos en los propios pies y limpiarnos el propio excremento. Para manejar a otros nos hacemos fanáticos del control, del poder (...): hacerse el desvalido, el tonto, el matón y así sucesivamente. Y lo más interesante de las personas maniáticas del control es que siempre acaban siendo controladas. (...) El darse cuenta, la experiencia plena, el percatarse de cómo se está atascado, los hará recuperarse y tomar conciencia de que todo el asunto no es más que una pesadilla, no es algo verdadero, no es real. Llegan al Satori cuando se dan cuenta, por ejemplo, de que están enamorados de un ideal y que no están en comunicación con su pareja. Lo demencial es que consideramos la fantasía como si fuera realidad. En el impasse siempre hay algo de locura. En el impasse nadie los puede convencer que lo que están anticipando es una fantasía. Toman como verdadero algo que es meramente un ideal, una fantasía. El loco dice “Yo soy Abraham Lincoln”, el neurótico “Ojalá yo fuera como Abraham Lincoln” , y la persona sana “Yo soy yo, y tú eres tú”.

viernes, 19 de abril de 2013

Se dice por ahí.

 
 
"Ahora vive en Lourmel.
Cuenta que toma fotografías,
visita museos,
aprende el idioma,
viaja en subterráneo.
 
Ahora vive en Lourmel.
No cuenta que cena solo en su cuarto,
que apaga la luz muy a menudo,
que le escribe siempre a ella.
No cuenta que nunca recibe respuesta."
 
 
— Luciana Ravazzani

miércoles, 17 de abril de 2013

¿Cómo estuvo tu día?

Cuando todo me dice que un día ha terminado, tú y yo hemos estado juntos derribando cuerpos, construyendo una casa que no dura ni muere, tú y yo hemos corrido juntos un mismo río con encadenadas bocas llenas de sal y sangre, tú y yo hemos hecho temblar otra vez las luces verdes y hemos solicitado de nuevo las grandes cenizas.

-Neruda

lunes, 15 de abril de 2013

Mis vicios.

Mis vicios son celosos, pero amigables. Cuando el segundo se empeñó en quedarse, lo hizo en complicidad con el primero. Y así, hasta hacer pandilla. Combinados no sólo son más fuertes, también llegan más lejos. Si tratara de liberarme de uno, el otro no me lo permitiría. Se matrimonia uno con los vicios, se duerme y se despierta junto a ellos, Disfruta de sus mimos sin pensar demasiado que es minoría dentro de sí mismo. Quiero decir que tengo la mejor voluntad, inclusive la más constructiva, pero estoy gobernado por lo menos. Más allá del papel y los propósitos, Mandan aquí los fuertes, igual que en todas partes. Supongo que no soy la clase de persona que soporta vivir entre vicios enclenques.

De repente mis vicios entran en conflicto, pero se llevan bien. Son diplomáticos, cuando manos entre ellos. Y a diferencia de las virtudes, siempre tan vanidosas y competitivas, los vicios son discretos y solidarios. Al whisky no le importa que el usuario se prenda un cigarrito, y hasta vale creer que son aliados viejos. Johnny Walker, Malboro, Coca-Cola, Red Bull, Valium, Raipnol, Afrín, Lidrium. Se les ve a todos en el mismo club, conviviendo con alegría fraterna que los buenos principios no se conocen. Finalmente los vicios son mundanos y cosmopolitas, y los buenos propósitos algo así como niños exploradores uniformados. No dudo que mis buenos propósitos tengan grandes alcances a largo plazo, pero he aquí que mis vicios disponen de hot line y entrega inmediata. Veinticuatro horas diarias, rain-or-shine.

Mis vicios son insomnes, pero amenos. Hay una fina línea entre la amenidad y la amenaza, cada noche los tengo a ellos para saltarla. Diría que llegan solos si al menos un momento parara de llamarlos. Pero igual viven aquí, no tengo que ir muy lejos para dar con ellos, y en ellos me refugio cuando quiero que nadie consiga encontrarme. Que es casi todo el tiempo, últimamente. Pero salgo de noche, también últimamente, más como una manera de tirar los dados que por necesidad. Me quedaría, tal vez, si mis vicios pudieran dormir. 

X.V. Puedo Explicarlo Todo. 

miércoles, 20 de marzo de 2013

Los imprescindibles

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: 
Esos son los imprescindibles. 

-Bertolt Brecht 

lunes, 25 de febrero de 2013

Encuentren a alguien.


Encuentren a alguien que se enamore de su cara triste, de su sonrisa cansada, de sus estrías y de sus silencios, de su cabello por las mañanas, de su cuerpo imperfecto y desnudo con la luz de la habitación encendida. Encuentren a alguien que se enamore de los callos de sus manos, que sepa cuantos lunares tienen en el brazo derecho. Encuentren a alguien que les quiera besar los ojos cuando estén llorando y les platique cosas en los labios cuando estén sonriendo; alguien que los mueva, que los motive.

Alguien que quiera bañarse bajo la lluvia con ustedes, que quiera compartir el café de las mañanas, que los escuche quejarse, sin quejarse.

Encuentren a alguien que los ame imperfectos, rotos, alguien que los complemente y que no necesite de ustedes para ser feliz, que sea feliz por si mismo y que disfrute compartir esa felicidad con ustedes.

Encuentren a alguien, pero primero encuéntrense ustedes mismos. Gústense con cara triste y lavada, sonrisa cansada, gústense con sus estrías y cuerpos imperfectos, gústense llorando y disfrútense en todas sus versiones.

Sepan que no necesitan de nadie para ser felices. Que la felicidad está ahí, para compartirse con los demás.

Encuentren a alguien a quien tomar de la mano para enfrentar los lunes y sus golpes de realidad, de rutina, de trabajo.

martes, 12 de febrero de 2013

La plática y la sonrisa.

 
 
 
 Algo tengo con las personas que se llaman Eduardo, al último lo conocí por coincidencia, le tenía un recelo al nombre por el hecho de un bonito amor que dejo mal sabor al final. Y ahí estábamos yo y Eduardo, el tercero (¿El de la vencida?); él expuesto ante el público y con la cara roja de vergüenza, y yo, escondiéndole el rostro en mi cuello; no hubo palabras, no nos conocíamos antes ni habíamos cruzado palabra alguna, sólo nos encontramos en el momento justo y desde entonces nos amamos, por increíble que parezca, nos amamos. Te amo mientras todo esto dure, me dijo ayer. Te amo, le contesté.
Hablamos de la imposibilidad de tenernos, la alegría de encontrarnos y la rara felicidad de idealizarnos… de sabernos.
Octubre te dije yo, la muerte y la distancia, dijiste tú.
Te amo me volviste a decir, sin preguntas, sin titubeos, sin rodeos, natural  cómo el día que nos conocimos y empezamos a amarnos. Soy el amor de tu vida respondí cuando preguntaste ¿Quién eres tú? Eres el amor de mi vida, dijiste tú.
Te amo. Es una frase fuerte y entiendo que no nos amamos en un plano apto para mentes cuadradas, nos amamos en nuestra imposibilidad, en nuestra posibilidad, en nuestros fuéremos, fuimos, seríamos. Te dije que sonreía y me dijiste que me casara con el dueño de mis sonrisas.
 
Cásate conmigo.
Te amo.

sábado, 2 de febrero de 2013

Ejercicio de escritura #1. Primer intento, segundo acercamiento.

No te vayas, no te muevas… empieza a escuchar tu cuerpo; me digo a mi mismo cada vez que despierto y voy tomando conciencia de mi cuerpo. Me doy cuenta que estoy respirando de nuevo y que este es un nuevo día, cualquier otro hubiera decidido no vivir y solo seguir muriendo

-   ¿Pero hoy?
      -   Hoy es hoy, no tengo nada más, a nadie más… más que a mí.  

Hay días que se sienten pesados, que me recae sobre el cuerpo todas las necesidades, me pesa el olvido, me pesan las ganas, me pesan los besos que voy acumulando y que no te he dado, la vida, las piernas, el semen, la saliva y demás fluidos.
Me pesan tus ausencias y todo lo nuevo que no he dejado entrar en mi vida y que he dejado que se acumule en la puerta esperando que le deje entrar, esperando ser acomodado en algún lugar que yo estoy ocupando con algún recuerdo. Esto no puede ser sano, no de ninguna forma.

Hoy soñé contigo y soñé que hablábamos y que me disculpaba contigo, me disculpaba por cosas que no tendría por qué disculparme pero cosas que a final de cuentas habría que dar una disculpa, no sé si de tu parte o si de la mía. Una disculpa. Una explicación lógica y razonable. Pero… ¿Y hoy?
Cuando era pequeño recuerdo a mi papá comprando un coche, me hizo ver la línea de la carrocería en cierta perspectiva desde la que se notaba cierta imperfección y me dijo…

-        Un Coche que ya ha estado en un accidente nunca volverá a ser igual ¿Alcanzas a ver esta línea un poco irregular? (señalando los puntos en la línea).
-        Sí.
-        Un coche que ha estado, antes, en un accidente nunca volverá a ser igual ¿Tú que piensas?
-        ¿De qué? Para mí, todos los coches son iguales, papá.
-        No, vuelve a mirar la línea ¿tú que piensas? ¿Este coche fue el que dio el golpe? O ¿Fue el que lo recibió?...

Mi sonrisa es una línea irregular y esta mañana he terminado pensando en todos los golpes que he dado y los que mi sonrisa ha recibido.
Pinche día, pinches ausencias que andan llenándolo todo.  

miércoles, 23 de enero de 2013

El extraño mundo.

"Cuando tenemos sed abrimos un río
de esperas en lo profundo de la noche
y nos arremangamos los pantalones hasta las rodillas.
No sea cosa que la madrugada
nos sorprenda con la marea alta."
 
— Fragmento de ¡El mundo es extraño, Sandy!, Golgona Anghel

sábado, 5 de enero de 2013

Practical Magic

“Sometimes I feel like there’s a hole inside of me, an emptiness that at times seems to burn. I think if you lifted my heart to your ear, you could probably hear the ocean. The moon tonight, there’s a circle around it. Sign of trouble not far behind. I have this dream of being whole. Of not going to sleep each night, wanting. But still sometimes, when the wind is warm or the crickets sing… I dream of a love that even time will lie down and be still for. I just want someone to love me. I want to be seen. I don’t know. Maybe I had my happiness. I don’t want to believe it but, there is no man, Gilly. Only that moon.”

martes, 4 de diciembre de 2012

 
 
¿Cómo decirle a quien nos abandona
o a quien abandonamos,
que agregar otra ausencia a la ausencia
es ahogar todos los nombres
y levantar un muro alrededor de cada imagen?

viernes, 30 de noviembre de 2012

Amaneceres.

Luego, te recuerdo iniciando el amanecer con tu blanca sonrisa. Iluminándolo todo, amaneciéndome.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

De suerte y letras.

Me andan quedando cortos 140 caracteres para todo lo que traigo dentro y ni siquiera sé lo que es. Supongo que hay que volver a este ejercicio interminable de desenredar la madeja, de tratar de encontrar la punta que inició todos los nudos.

Deseenme suerte y letras.

Pantalones sueltos y mirada perdida.

No es raro que me suceda pero soñé contigo anoche, lucías bien y sonreías, pero también, lucías perdido y a nadie veías. La mirada perdida y los pantalones sueltos que tanto te gustan nunca te sentaron bien. Te amaba lo suficiente como para pretender que me gustabas con la mirada perdida y los pantalones sueltos, te amaba lo suficiente como para fingir que te amaba en las cosas que te odiaba.

Hoy alguien me dijo que se topó contigo entre el colectivo, te vio distinto, te vio desprolijo, sucio, perdido, con cara de enojado y de cansado. Seguro que eso te va mejor que la mirada perdida y los pantalones sueltos, pensé. Si te veo haciendo línea en el super espero me sonrías aunque sea tu sonrisa de pantalones sueltos y mirada perdida.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Éste y todos los años.


 
Llegaste despacio, casi sin darme cuenta y para cuando me percaté ya habías mojado todas mis orillas al atardecer, así como las mareas que vienen y se van pero siempre vuelven. Sé que te sé siempre volviendo. Sé que nos sé siempre en un punto de encuentro, en macetas o volando, tú con mis gorriones y yo con tus golondrinas.
 
 
Te conozco y no te conozco, te imagino y luego te vivo volando de la cocina al comedor, del trabajo a la cama, de tus macetas a mis cielos, de mi cielo a tu pecho, ése que tiene algo que solo fue creado para mí.
 
 
Gracias por siempre ser y estar desde que eres, desde que somos y seguramente desde cuando seremos.
 
 
 Muchas más festividades, todo el amor y todos los vuelos.
Feliz cumpleaños, mi golondrina.

domingo, 26 de agosto de 2012

Let your heart dictate this
Take my hand and follow me
Lose control with me tonight...

miércoles, 18 de julio de 2012

“Soy libre”, me dijo. Cierro los ojos y, durante unos instantes, pienso que soy libre. Pero no acabo de entender qué significa. En estos momentos, lo único que tengo claro es que estoy solo. Solo en una tierra desconocida. Como un explorador solitario que hubiese perdido la brújula y el mapa. ¿Consistirá en esto la libertad? Ni siquiera lo sé.


Haruki Murakami.

lunes, 16 de julio de 2012

De fiestas y funerales.

Alguien una vez me dijo que siempre había que traer un puño de confetti en un bolsillo del pantalón y uno de tierra de panteón en el otro.

Murió meses después de que me dijo eso...

       ...nadie lo sabe pero todo su funeral me guardé un puñito de confetti en el bolsillo izquierdo y cuando sentía que quería llorar por su pérdida metía la mano en el pantalón y el cosquilleo del confetti me hacía sonreír. Es tiempo de empezar a cargar un puñito de confetti siempre conmigo.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Morir (de nuevo) en miercoles.

Algunas voces esconden perversas intenciones. Las miradas tampoco las revelan, ni la piel, ni los olores. Pero El aire que me falta me lo han quitado tus manos, mientras me abandona la vida viene a mi memoria la vida misma en los años juntos encuentro más razones para santificarte que para dudar de ti. Para descubrirte culpable, la idea de que el hombre es por naturaleza bueno tuvo que huir. No. Para descubrirte capaz de maldad hube que morir en tus manos.




sábado, 12 de mayo de 2012

Soy feliz.

Supongo que todos hemos tenido ese momento por el cual estoy pasando en éste momento...

¿Qué qué momento? ése en el que te das cuenta que has dejado de pertenecer a los lugares y personas que pertenecías y empiezas a pertenecer a lugares y personas nuevas, tus alegrías atienden a nuevas razones, a nuevas sonrisas, a nuevas miradas, nuevos olores y experiencias... ése momento en el que uno trae las experiencias pasadas tatuadas hasta en las comisuras de la sonrisa.

Es decir, tus amigos fueron y serán siempre tus amigos y estarán siempre para ti cuando vuelvas al punto en donde los encontraste, nadie va a romper su amistad, nadie va a deshilachar todos los momentos que bordaron juntos. Por otro lado hay que aligerar las naves cuando se alentan, quien no se las ha arreglado para permanecer, termina siendo un lastre y pues ya saben las historias de embarcaciones que no arrojaron sus lastres una vez dejando la orilla.

Traigo la sonrisa ancha de las ganas y las ganas gordas de tranquilidad.

Soy feliz.

miércoles, 9 de mayo de 2012




No creo que sea tu mejor movimiento. 

domingo, 1 de abril de 2012

Open

domingo, 19 de febrero de 2012

De mí y de tí pero no de nosotros.

Es decir, se llega a ese punto en el que uno después de haber hecho el recuento de los daños y después de haber reposicionado las piezas del rompecabezas para volver a ver “the whole picture” claramente de nuevo (aunque con algunos puntos todavía se encuentren en un “blur total around”) (y sigo escribiendo entre comillados) uno decide nuevamente salir del caparazón y los propios preceptos y aceptar la vida de nuevo. Le cuento querido lector… inicio un año completamente desde cero (que ya es mucho decir para una persona que ha hecho un total y completo borrón y cuenta nueva en su vida), en estas fechas el año pasado (no lo recuerdo con exactitud, pero…) me encontraba encerrado en mi cuarto después de una ruptura amorosa que me habría llevado a la muerte (“literalmente”) de haber dado un paso más hacia la autodestrucción.

¿Cómo se puede permitir uno mismo acabar de esa forma?, uno que siempre ha tratado de actuar con rectitud conforme a lo que la vida me ha enseñado que es “la forma correcta de hacer las cosas (hasta el momento –concepto que aún se encuentra en evolución)” ¿Cómo puede un profesionista (guapo, cocinero, responsable, independiente; lleve lleve, bara bara) de 23 años con todo en la vida para ser feliz dejar vencerse de esa forma por las circunstancias?...

Antecedentes.
La típica historia donde un típico chico (común y corriente… más corriente que común, he de aceptar) (potencial hombre imperfecto en su perfección –Pero siempre perfectible) conoce a otro y decide darse una oportunidad a sí mismo de vivirse en otra etapa de su vida… la turbia, tumultuosa y oscura (pero bonita) etapa de entregarse por completo a otra persona y de incluir a esa persona en la vida propia; de involucrarlo hasta en la sopa, en el baño, en la cama, en la familia, la cocina y los amigos; de hacer el amor (y en bastas y contadas ocasiones coger) por todos los rincones de la casa (en la cama, la sala, el piso, la cocina, el baño, encima de la lavadora girando en centrífugos al ritmo de la parsimonia de nuestros cuerpos juntos, el patio, el comedor, y un interminable etc.), el patio, el trabajo, la colonia, la ciudad y pueblos circunvecinos; de jurar amor eterno cual adolescente de secundaria o como cual pareja añejada a años y años de acompañamiento mutuo en las buenas, las malas y las peores a punto de que la muerte los separe en el último punto final de los finales (a estas alturas del partido, ya finalizados). Bueno no hace falta decir que fue la mejor potencial historia de amor jamás descrita (sin otro autor ni editorial, mas que la complicidad de dos cuerpos desnudos al amanecer con la luz entrando por la ventana y la frente aperlada de sudor).

Desarrollo.
Saltémonos la parte dramática de los dimes y diretes, la abrupta separación, la desgracia y la repartición de bienes en donde nadie se quedó con nada, solo con la poca ropa que teníamos puesta y las tumultuosas ganas de quitárnosla para averiguar todo lo que pudo haber sido y no fue (ni será). 3 años y 30 kilos (arriba) después, ahí estaba yo, durmiendo en el piso de mi cuarto hundiéndome en la miseria de no haberme bañado en días y unas ganas enormes de que el mayor desastre natural tocara a mi puerta y de pronto me borrara por completito del contínuum (a mí y mi propia conmiseración por mí mismo) como castigo de tener una vida y no querer vivirla más.

Conclusión.
Heme aquí, un año después, 30 kilos menos, miles de kilómetros más lejos de eso que mató a quien yo era en aquel momento y millones posibilidades más cerca de ser quien quiero ser, de ser mas yo. 25 años, profesionista (repito… guapo, cocinero, responsable, independiente; lleve lleve, bara bara) de nuevo en un nuevo inicio, listo. Para lo que venga.


¿Por qué te hago el recuento querido lector? No lo sé, es solo que conocí a alguien que está a miles de kilómetros al sur que me hizo darme cuenta que ya estoy listo para todo aquello que la vida pueda ofrecerme, bueno o malo. Eso, que no tengo sueño y tengo una sonrisa de oreja a oreja por saberme con la fortaleza suficiente para sobrevivir a lo que ha sido hasta ahora “el peor momento de mi vida”.

Es decir… que lo mejor está por venir.

miércoles, 25 de enero de 2012

Silencio de mar.


Silencio. Repentinamente me arrebata la necesidad de silenciar todo para poder escuchar lo que mi cuerpo quiere decirme, intenta decirme, se apresura a decirme, me grita al decirme, me susurra al decirme, advertirme.


Repentinamente siento la necesidad de detenerme para poder apreciar que no estoy estático, que sigo avanzando, en alguna dirección que desconozco pero avanzando; cometiendo errores, pero avanzando; a merced del tiempo, el viento y mis aguas, pero avanzando…


Como barquito de papel a la deriva y bajo riesgo de humedecer sus mástiles y proa hasta perecer. Tal vez ese sea el camino que me lleve a la orilla que contiene el nuevo hogar, o tal vez, el camino sea desafiar lo convencional y encallar en una ola y no en un banco de arena como comúnmente se piensa, como la visitación del mar que tuve, con el Atlántico en toda la flor de su furia reclamando mis pies como suyos para adornarlos con escamas, el mar me dijo que la entrada al paraíso etéreo reservado a los seres de agua que el azul reclama como suyos, no era un lugar sino un momento, ése momento justo en el que una ola desafía con su fuerza de acuarela a la gravedad y suspende su tiempo y furia en el aire antes de romper en blanca espuma, en efervescencia de tiempo acelerado con sueños contenidos en pequeñas burbujas de aire que se rompen para liberar ese estupor de sal que solo puede ser percibido en las playas, ésa neblina auditiva que no puede ser otra cosa que los sueños que las caracolas regalaron a la espuma para ser liberados, para ser escuchados por las gaviotas, para convertirse en furia de mar, para romper el silencio y ensordecerlo todo hasta quedar en silencio de ruido.


Que agradable es convertirme cada vez mas en mi mismo, decantarme en mis aguas, en las costas adecuadas.

martes, 13 de diciembre de 2011

No room for doubt



We all make mistakes, we do
I learnt from you

jueves, 1 de diciembre de 2011

Disfrutar, abastecerse, avanzar.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Un día vamos a coincidir en algún lado, ya verás.

Seguramente será en una isla donde no haya nadie más.
Llegaremos en barcos separados y por error.

Nos inventaremos un día de cumpleaños para cada quien y apagaremos una fogata cuando no nos queden fuerzas. El mar se nos vendrá encima e intentará comerse el pedazo de tierra pero le valdrá poco.

Si alguien llega y dice tu nombre contestaré que nunca te he visto, porque te llamarás diferente.

No importará nada.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Todas las noches, toda la noche.

Busco caminos que me lleven a encontrarme con tu aroma en mi cama, con tu boca en mi espalda y mi cabello de ideas reguereadas desde tus dedos hasta tus palmas. Siempre me quedo con las ganas de encontrar las tuyas hurgando en mis miradas. Siempre me pierdo, ya no se regresar del lugar donde escondiste tu locura entre mis pliegues, entre mis sábanas.

Me quedo siempre con este insomnio y con esta necesidad de ti al momento de extrañarte, esta urgencia de ti al de pronto olvidarte y ese dolor a morir al encontrarte.

domingo, 23 de octubre de 2011

Y estas ganas de llorar que no se quitan ni llorando. Lo que me preocupa, es acostumbrarme a la sensación.

sábado, 22 de octubre de 2011

jueves, 20 de octubre de 2011

25 años.

Para ahora que el tiempo parece colapsar en interminables eternidades, contenidas en milifracciones de microsegundos minuciosamente acomodadas en el continum, una historia.

Vivir con el recuerdo de una irresolución es doloroso, sumamente lastimoso y empuja hacia la autoconmiseración. “¿Y si hubiera hecho…?, ¿y si hubiera dicho…?, ¿y si sí…?, ¿y si no…?. La duda corroe y mata. La certeza puede dar vida, o puede quitarla. 50-50. Bastante respetable y equilibrado.

Antonio decidió hace ya casi 25 años, más o menos, que ese no sería su caso, y se atrevió a llevar a cabo la resolución que por tanto tiempo había pospuesto. Dudas, planteadas en forma de escenarios, en donde cada alternativa, cada posibilidad, cada probable o improbable acontecimiento, cada planteamiento y cada viable respuesta habían sido repetidas y desmenuzadas paso a paso, buscando el resquicio que, a sabiendas que existe, se descuida y pone en riesgo la operación. Los meses de planeación y análisis por fin estaban a punto de terminar. Ya había recorrido cada rama de ese inmenso árbol virtual de posibilidades y lo único que quedaba era actuar. Como un artista, tuvo que decidir cuando su obra quedó completa. A su parecer, tenía un 50% de posibilidades a favor. Bastante respetable y equilibrado.

Casi 25 años. O tal vez mas, si no es que menos. No recordaba la fecha, el mes, el año. Lo único que tenía claro es que el usaba una chamarra, por lo tanto hacía frío, y el día siguiente fue gris, con esa lluvia pertinaz que ensucia todo. Al fin y al cabo, que importa, las fechas son para los libros de historia. Casi un cuarto de siglo, y dicho así suena bastante rudo.

Pues hace más o menos 25 años, Antonio tomó el teléfono de su oficina y, casi temblando, marcó el número. Estuvo a punto de colgar la llamada cuando escuchó el primer tono, pero se aguantó, apretó la mandíbula y cerró los ojos. Había echado a andar el mecanismo y ya no podía volver atrás. Sonó el tono por segunda vez y se apartó un poco el auricular de la oreja, por si se acobardaba, cuando menos que fuese rápido. Pero no se acobardó. Sonó el tercer tono y deseó que sonara el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y nadie tomara la llamada del otro lado. Sonó el cuarto tono y notó de pronto que algo dentro de si se reventaba como una burbuja, y sintió una vaga resignación por lo que viniera “Chingue su madre”, se dijo. Todavía no sonaba el quinto tono y alguien tomó la llamada. Una voz femenina, juvenil y perezosa, sonó en el auricular.

- “¿Bueno?”.

La tranquilidad del que ya no tiene opciones lo invadió por completo y con aplomo preguntó:

- “¿Laura?”.

La voz del otro lado le dio la respuesta que el de sobra sabía.

- “Sí”.

Y respondió alargando la i, como si en lugar de respuesta fuera pregunta.

- “Soy Antonio, ¿como estás?”.

- “Ah, bien, Antonio, ¿y tu?, ¿Qué onda?”.

- “Oye, Laura, necesito hablar contigo, ¿tienes chanza hoy en la noche?. Te invito a cenar y ahí platicamos”.

- “Sí, claro. ¿a que hora?”

- “¿Te parece bien a las 8?”.

- “Bien, a las 8, ¿pasas por mi a la escuela?”

- “Desde luego. Entonces te veo a las 8. Cuídate. Bye”.

- “Bye”.

Antonio colgó el teléfono despacio, como con temor a delatarse. Se asombró de lo que había hecho. Tanto tiempo planeando, analizando, discurriendo, sopesando posibilidades y ya eso había terminado, había dado el primer paso. Lo único que deseó fue que ese tiempo, entre la llamada y las 8 de la noche, se escurriera lo más rápido posible. Ya no le fue posible trabajar aquella tarde, todo fue fumar y beber café.

25 años, más o menos, después de aquella tarde, Antonio estaba sentado frente a su computadora, recibiendo un mensaje de solicitud de amistad. Era un viejo compañero de trabajo, desde luego lo aceptó y mantuvo por más de tres cuartos de hora un entretenido intercambio de mensajes. ¿Cómo te va?, ¿Qué te haz hecho?, y preguntas por el estilo. La conversación derivó a los recuerdos, ¿Haz visto a fulano?, ¿supiste lo que le pasó a zutano?. Antonio se sorprendió al notar que una amplia sonrisa le cubría la cara, la borró de inmediato sintiendo un poco de culpabilidad y un mucho de vergüenza. Su memoria convocó a los recuerdos, que acudieron presurosa y atropelladamente, desempolvándose y tallándose los ojos, bostezando, reconociéndose unos a otros. La cantidad de recuerdos fue tan grande y se organizó tal alboroto en su mente, que esta parecía un frondoso árbol en un atardecer de otoño, cuando los pájaros dan por terminadas sus aviares rutinas y se congregan a piar, graznar, cantar, chillar y cacarear. Como una animada fiesta donde viejos amigos se encuentran y ríen con estruendosas carcajadas. Antonio y su amigo recordaron situaciones, personales y de trabajo, amigos mutuos, fiestas, canciones y aún problemas, que vistos estos a la distancia de 25 años más o menos, ya no causaban inquietud, y si bastante risa y no menos recapitulaciones.

Un rato después se despidieron quedando en contactarse de nuevo para verse por ahí, tal vez ir a desayunar o tomarse un par de tragos. Sea por los viejos tiempos.

Antonio regresó a su propia rutina hasta que llegó la hora de irse. Al ir cerrando las ventanas abiertas de sus aplicaciones, encontró su sesión de Facebook aún abierta y con la conversación desplegada en una orilla. Estaba solo y ya no sitió pena de que lo vieran, así que la comisura izquierda de sus labios se extendió un poco hacia fuera y arriba, la derecha no quiso ser menos e hizo lo propio, y se hizo la sonrisa. Navegó de arriba a abajo del panel de la conversación, recordando todo otra vez, pero ahora lo que había sido una bulliciosa fiesta de viejos amigos, se asemejaba más al fin de fiesta, cuando todos se despiden, cansados y contentos, y se retiran. El barullo se convirtió en murmullo y se encontró solo de nuevo, cansado y contento también. Apuntó el ratón hacia el botón de cerrar, pero su vista fue hacia el otro lado, hacia la lista de amigos, y se topó de nuevo con el rostro del viejo amigo, un poco más ancho y arrugado que como lo recordaba. Mantuvo la vista ahí unos segundos y desistió de cerrar la ventana, desvió el apuntador hasta la nariz de su amigo y dio un click. Enseguida la ventana mostró el muro de Facebook de su amigo. Recorrió variedad de fotos, la esposa, los hijos, fiestas, vacaciones, y uno que otro link. Decidió revisar la lista de amigos de Ramón con la intención de encontrar a algunos de aquellos de los platicaron hacía ya un rato. Y los encontró, ahí estaban René y Francisco, Johnatan y Daniel, Ana y Aaron. Continuó buscando hacia abajo hasta que encontró otro rostro conocido. Las comisuras de los labios, ya fatigadas, súbitamente empezaron a doler, y la sonrisa se le cayó de la cara. Casi pudo escuchar como se hacía pedazos al llegar al suelo. Muy adentro de el, en el mismo lugar oscuro de donde habían salido aquellos viejos recuerdos, se removió uno igual de viejo, que a propósito no había sido convocado aquella tarde, causándole un piquete de dolor. No por viejo ni por lo aparentemente olvidado, tampoco por que las razones ahora, 25 años después más o menos, fueran poco claras, iba a dejar de causar dolor, y si bien se sorprendió de sentirlo, entendió que era normal.

- “Laura” dijo en voz alta.

25 años antes mas o menos, Antonio estacionaba su carro dos cuadras antes de la escuela de Laura, decidió no dejarlo cerca para no tener que utilizarlo para desplazarse, prefería caminar a algún lugar próximo y mientras tanto hacer ajustes de último momento a su plan, de hecho se había decidido por un pequeño restaurante italiano, no más lejos de la escuela, que lo que estaba su carro. Eran las 7:45 de la noche. Encendió un cigarro y se encaminó a la escuela, dispuesto a esperar otros 15 minutos. Después de todo, ya había esperado tanto que esos 15 minutos le parecerían nada. Para su sorpresa, Laura ya estaba en la puerta de la escuela, acompañada de un par de amigas. No había tenido la última clase y tenía esperándolo media hora. Ella se despidió de sus amigas mientras el se quedó a un lado. Antonio indicó el camino y le ofreció ayudarla con sus libros, ella agradecida se los dio y el tomó la pesada la carga.

- “¿Que traes aquí, ladrillos?” dijo fingiendo esfuerzo.

Ella sonrió y le comenzó a dar un detallado informe del contenido de aquella mochila, 4 libros de distintas materias, 6 cuadernos, una calculadora científica, una cajita con lápices, plumones y marcadores, una agenda y un largo etcétera. Mientras pormenorizaba su resumen, iba extendiendo con el índice de su mano derecha uno a uno los dedos de su mano izquierda, así hasta que ya no tuvo más y continuó el sumario invirtiendo las manos. Ella miraba al suelo mientras hablaba y, de vez en vez volteaba sus ojos hacia el, como para cerciorarse de que le estaba poniendo atención. El contar con los dedos le pareció a Antonio un gesto tierno, casi infantil, y la sonrisa aunada a los luminosos ojos color miel, le alumbraban el camino como las luces altas de un autobús. Todo junto le provocó un nudo de emoción en la garganta. Hubiera deseado que la risa le explotara en carcajadas de alegría y sus ojos no retuvieran más las lágrimas de gozo. Más que nunca deseó abrazarla.

Abrazarla y besarla.

25 años después, más o menos, Antonio dudó en dar click sobre la imagen de Laura presentada por el brillante monitor de la computadora. De nuevo se encontró sopesando posibilidades, analizando probabilidades y sintió cansancio. Suspiró muy fuerte y hundió la cabeza entre los hombros y decidió que ya no había nada que perder y, mientras hacía una mueca de fastidio, que tampoco había nada que ganar.

De cualquier modo continuó pensando más de lo que hubiera querido. ¿Y si le envío un saludo?, ¿y si no me contesta?, ¿y si resulta que me bloquea?, ¿y si sí me contesta?, ¿y si …?

La pequeña imagen mostraba el rostro tantas veces visto, tantas veces recordado. En honor a la verdad lucía bastante bien, llevaba el pelo más corto que hace 25 años, pero el color es el mismo, el miel de sus ojos no había perdido nada. La sonrisa adornada por dientes blanquísimos indicaba un buen trabajo del dentista o del PhotoShop. Pero era ella. Luminosa

No quiso ponerse a hacer cuentas de cual sería su edad actual pues no quería darle importancia. Había visto suficiente con esa imagen de 2 por 2 centímetros. Aparentemente el tiempo había sido benévolo con ella, pero no lo había sido menos con él mismo. Tenía algunas arrugas alrededor de sus ojos y sólo había aumentado dos tallas en estos últimos 25 años, más o menos. Su barriga no alcanzaba a tapar la hebilla del cinto y sí le daba un cierto aire de bienestar. Usaba lentes para leer y la coronilla ya presentaba una escasez de cabello que no llegaba a ser alarmante. En fin, lucía y se sentía bastante mejor que la gran mayoría de sus coetáneos.

Había aprendido muchas cosas durante este tiempo, como a dar valor a ciertas cosas que antes no lo tenían, y a restarlo de nimiedades que solo afligen y atormentan. Esto que estaba sintiendo hoy, caería en la segunda categoría, pero inexplicablemente y contra toda razón, se aferraba a escalar a la primera. Le inquietaba y no podía definir por que, cual era el motivo. Y esto era lo más irritante, no podía defenderse de algo que desconocía, no sabía como combatirlo y como deshacerse de aquello.

Retiró el apuntador de la pequeña imagen pero mantuvo la vista en ella.

Pero ya no era la imagen en lo que mantenía su mirada, estaba mirando hacia adentro.

25 años antes, más o menos, Antonio caminaba al lado de Laura. Ella por fin había terminado su recuento de material escolar y quedó en silencio por unos momentos. Siguieron andando y Antonio clavó su vista en ella, Laura volteó y preguntó:

- “¿Que?”.

Antonio meneó despacio la cabeza de un lado a otro, mientras su rostro se poblaba de sonrisas, pequeñas y efímeras, que se sucedían y se sobreponían unas a otras. Cada una con su propio motivo y su propia intención. Y respondió:

- “Nada”.

Pero la respuesta no suficiente para ella y frunció el ceño. Antonio decidió que era el momento para el siguiente paso.

- “Que linda te ves”.

Laura sonrió de buena gana ante el halago y lo agradeció. Antonio no necesitaba más agradecimiento que la sonrisa. Se sintió valiente y audaz después de ese paso y ganó en confianza. El temblor que el atribuía al frío de la noche, pero sabía que era provocado por sus nervios, desapareció. Y así llegaron al restaurante. Se acomodaron en una pequeña mesa lejos de la puerta de entrada y al llegar el mesero, Antonio preguntó:

- “¿Qué quieres tomar?”.

- “Una limonada”. Respondió Laura.

Antonio deseó que ella hubiese perdido algo más fuerte, cerveza o tal vez, tequila, pero no. De cualquier modo, le hubiera parecido fuera de lugar en ella. La cerveza podría esperar.

- “Una limonada y una coca-cola, por favor”.

- “¿Y como te fue?”. Preguntó regresando su vista hacia ella, y con más intención de abrir la plática que de enterarse de los consabidos pormenores y peripecias en la escuela.

Y los pormenores y peripecias comenzaron a sucederse hasta que se convirtieron en un interminable susurro. Antonio no estaba poniendo atención a lo que Laura decía, sólo a como lo decía, el movimiento de su boca, sus intermitentes parpadeos, como inclinaba su cabeza cuando reafirmaba algo con un “¿Verdad?. Todas esas pequeñas cosas hacían un cuadro delicioso, maravilloso y encantador. Sólo le hubiera gustado decírselo en ese momento.

La cena se desarrolló en el mismo tenor, ella hablando y el fingiendo que escuchaba.

Hasta que llegó el momento.

La recién adquirida confianza le impulsó a dar el paso clave. El momento llegó y el sentía la extraña tranquilidad del que habiendo estudiado, se sometería a su examen final.

25 años después, más o menos, Antonio dudaba aún sobre si dar click o no sobre la pequeña foto de Laura. Después de todo, era un hombre casado, felizmente casado, y esto podría despertar inquietudes que no serían bienvenidas por su familia, un muchacho de 18 años y dos niñas de 14 y 12. Eso sin contar a su esposa, que de encontrarle un mensaje inconveniente, podría, y definitivamente lo haría, someterlo ella misma a una operación como la que se practica en los gatos para evitar el vagabundeo. O alguna otra cosa peor.

El dedo de Antonio temblaba como el de un pistolero durante un duelo. Abrir esa ventana equivalía a mandar un mensaje, breve y escueto, tal vez. Un “Hola”. Pero ¿para que?, ¿valdría la pena?. El riesgo era alto y no había razón para hacerlo, salvo el sincero gusto de saludar a una vieja amiga. Pero él sabía que no habría sinceridad en un mensaje tal.

Y lo pensó, y lo repensó.

25 años antes, más o menos, Antonio decidió que ya no había más que seguir con el siguiente paso. Y aspiró hondo. Y la seguridad que le había invadido antes, súbitamente le abandonó, dejándolo prácticamente colgado de la brocha. Abrió la boca pero no emitió ningún sonido. Hubiera sido gracioso, de no haber sido tan patético. Laura lo miró a los ojos y frunció el seño, de esa manera tan cautivadora como lo había hecho tan sólo unos minutos antes, esa forma de pregunta que sabemos que no tiene respuesta.

- “¿Que?”.

Dijo Laura.

Antonio meneó la cabeza, de la misma forma que lo hizo unos minutos antes. Agachó la cabeza y exhaló. Era el momento

25 años después, más o menos, Antonio peló los dientes, como un perro furioso, y dio click.

25 años antes, más o menos. Antonio jaló las comisuras de sus labios hacia afuera, tratando de invocar una elusiva sonrisa, y dijo:

- “Laura…”.

- “¿Que?”.

Y el silencio le pareció que se extendía más de lo conveniente. Las palabras se resistían a acudir a su boca.

- “¿Que?”.

Repitió Laura. Y por fin, jaladas de los pelos, se presentaron las dos palabras.

- “Te quiero”.

25 años después, más o menos, Antonio recordó aquella noche. Y sus dientes destellaron en su boca, como cuchillos amenazantes. Y de repente, las comisuras cayeron, con ese cansancio con que caen los boxeadores cuando se saben perdidos, cuando no hay nada más por que pelear. Y dio click

25 años antes, más o menos, Laura repetía por tercera vez:

- “¿Que?”.

Pero ahora era un “¿Que?” retórico, de sorpresa, no de interrogación.

Laura preguntó la razón de semejante afirmación.

- “¿Por qué me dices eso?”.

Era el resquicio con el que no había contado.

Antonio esperaba un sí rotundo, o eso hubiera deseado. Hubiera querido que Laura le dijera “yo también”, o “¿Por qué no me lo habías dicho antes?. O cuando menos que se le echara encima con los brazos abiertos. Pero no.

Laura dijo:

- “Yo no te di ninguna razón para eso”.

Ups.

Antonio estaba preparado para todo. Menos para una negativa.

Las palabras, esquivas nuevamente, desertaron dejándolo solo.

25 años después, más o menos, Antonio analizaba la página a la que había ingresado. No encontró nada. Laura sólo compartía información previa solicitud de amistad. Y no pensaba solicitar su amistad. Por segunda vez.

25 años antes, más o menos, Antonio miraba con ojos desorbitados a su alrededor, abría la boca pero no articulaba sonido alguno. Por un momento temió ya no poder volver a hablar jamás.

A decir verdad, Laura se portó bastante amable y condescendiente, tomó la mano izquierda de Antonio entre las dos suyas, y palmeó con la que quedó arriba. Lo miró a los ojos y le sonrió. Otra vez esa sonrisa, que aún en las mejores circunstancias podía privar del aliento a cualquier hombre que tuviera sangre en las venas, ya que los que no la tienen, están privados ya de aliento también. Si eso era en el mejor de los escenarios, en el peor, que ese lo era, estaba a punto de causarle un colapso. Antonio quería hablar, pero no podía, quería llorar, pero no se lo iba a permitir, hubiera querido salir corriendo, pero hubiera sido la peor cobardía. Le hubiera parecido bastante heroico si un rayo hubiera caído sobre el en ese momento, convirtiéndolo instantáneamente en un recuerdo. Pero ni habló, ni lloró, ni corrió ni se lo tragó la tierra. Así que Laura continuó:

- “Te agradezco que te hayas fijado en mi, pero te mentiría si te digo que yo siento lo mismo”.

Era admirable como estaba resolviendo ella las cosas. Un espectador casual hubiera jurado que ella tenía experiencia, como si fuera un libreto aprendido a fuerza de repetirlo infinidad de veces en infinidad de circunstancias. Y si lo que ella causaba en el, lo causaba en otros, no cabiá duda de que así habría sido.

Laura continuó:

- “Soy tu amiga, y eso podemos seguir siendo, ¿estás de acuerdo?”.

Antonio bajó la vista para librarse del hechizo de la sonrisa y lentamente meneó la cabeza de arriba abajo. Las palabras seguían sin aparecer por su boca.

25 años después, más o menos, Antonio no recordaba que había pasado después, ni siquiera como o cuando fue que la facultad de hablar regresó. No recordaba si siguieron hablando o si se despidieron de inmediato, si la acompañó a su casa o si el se quedó ahí, devastado convirtiéndose en una masa amorfa, sin brillo ni color, sin vida, como una piedra. Lo único que recordaba era el día siguiente, el frío había aumentado y la llovizna permanecía, y pareciera que un eterno y gris invierno se había instalado permanentemente, y que el sol solo era ya un vago recuerdo. Trabajar aquella mañana le representaba un sacrificio imposible, no podía concentrarse y su cabeza estaba a punto de estallar. Así que se levantó y salió a la calle a tratar de despejarse, aunque el clima gris y frío no estaba poniendo mucho de su parte. Todavía no avanzaba ni 10 pasos fuera de su oficina, cuando un camión de carga, estruendoso y sucio como suelen ellos serlo, pasó a su lado. La llanta delantera de la unidad pellizcó una piedra y Antonio escuchó un agudo zumbido frente a su cara, seguido del chasquido de un vidrio al quebrarse. Antonio no detuvo su marcha mientras volteaba a ver el agujero que la piedra había provocado en el cristal de su oficina, su cabeza ahora si estuvo a punto de estallar, literalmente. Se preguntó si tendría que haberse levantado de su escritorio un par de docenas de milisegundos antes, para estar en perfecta sincronía con la vida y recibir la piedra en la sien. Ni siquiera llegó a tiempo a su cita con el destino, ahí debería haber terminado todo.

Visto a 25 años, mas o menos , de distancia, ya no parecía tan abrumador como lo fue entonces, pero el dolor ahí estaba y no por viejo, menos punzante, que aún le producía algún espasmo de vez en cuando. Antonio pensó que se había acostumbrado tanto a ese dolor, que ya no le era difícil continuar viviendo, y aún más, ser feliz. Por que lo era.

Movió el apuntador hacia la esquina superior derecha del monitor y …

Tardó un poco, pero dio el click para cerrar la ventana, mientras murmuraba:

- “Adios, Laura”.

Tardó mucho tiempo para poder decirlo, sinceramente, sin rencores y sin las emociones alteradas. Y el cadillo seguía ahí, causando dolor, pero Antonio ya podía ignorarlo y no hacerse más preguntas, y solo necesitó 25 años, más o menos.

viernes, 7 de octubre de 2011

No more!

miércoles, 5 de octubre de 2011

Al principio tuve que hacerme de cada oportunidad para aborrecerte, para enterrarte, para educarme a tener una aversión por tu persona, esa fue la única forma que encontré en ese momento para intentar generarme un espacio en el que tu no existieras, un lugar en donde yo me amara más a mi que a ti.

Sobra decir que no te aborrecí, no te enterré, no generé una aversión por tu persona y no... tampoco pude generarme nunca un espacio propio en el que tu no existieras. Entendí que este amor desmedido que te tuve y en el que nunca pude encarrilarme en una forma forma sana de amor, me llevaría a un inevitable final de consecuencias desproporcionadas. No pudo ser de otra forma, la intensidad de una ruptura siempre atiende a la intensidad con la que se amó, al lo profundo del hoyo que uno mismo cavó, o... como dicen por ahí, el golpe siempre es mas duro mientras más alto se vuele, yo volé mucho y muy alto.

No tuve amigos en esta lucha, no por que no estuvieran ahí para mi, sino por que esta era una batalla que tenía que librar solo, era un evento del cual tenía que aprender a dejar ir a las personas, al ser amado; aunque los momentos gratos fueron muchos y siempre volvería a apostar por ti, llega un momento en el que uno tiene que sacar la bandera blanca y rendirse, no en contra de quien hace daño, sino rendirse ante uno mismo, rendirse ante el sentimiento de pérdida, de abandono, de coraje por no poder guardar para los demás lo que uno nunca guardó para si mismo, rendirse en esta guerra que se libra en contra de uno mismo y la obstinación por estar al lado de alguien, cuando ese alguien no sabe estar a lado tuyo, viceversa.

Ese punto en el que se toma la decisión de avanzar, de perdonar más no olvidar, por que olvidar es echar en saco roto lo aprendido, olvidar es empezar a volar de nuevo sin vislumbrar el piso que se va dejando abajo.

El mayor de los éxitos.

domingo, 25 de septiembre de 2011

sábado, 24 de septiembre de 2011

Recuerdo que lo que me conquistó de ti y de hecho me enamoró de ti, es que luchabas por tu amor hacia alguien más con tanto ahínco y pasión que yo en aquel momento solo quería sentir que alguien sentía eso por mi, que alguien me hacía sentir tan amado, tan valer la pena, tan apreciado, atesorado.

Que sentimiento tan revelador es este del darme cuenta que aún con todo a tu favor para lograr hacerme sentir así, en el momento en que más se esperó de ti, simplemente no pasó nada. Supongo que puedes luchar por todo de esa manera, pero no pudiste ni quisiste hacerlo por mi.

Hablo acerca de la pasión, del amor, de la lucha, del amor que se construye, que se sufre pero que sobre todo se disfruta. Es tiempo de seguir. Quizás solo fuimos la persona indicada el uno para el otro pero en momentos diferentes.

Gracias por todo el aprendizaje.

Que desilusión.


A final de cuentas y casi en el final de los finales pude entender que es lo que tenía que aprender de ti para poderte dejar ir.

domingo, 18 de septiembre de 2011

What is what i want?

Tu aquí y ahora, conmigo.

martes, 13 de septiembre de 2011

Aprendí que el amor si es eterno.


No me prometas cosas que no puedas cumplirme le decía siempre a mi primer novio, ése que conocí después de que me rompieron el corazón por primera vez, ése con el que viví un tiempo y le gustaba despertarme todas las mañanas prometiéndome cosas con sus labios en los míos.

¿Que si qué me gustó de él?, todo, no había manera de que no... física, mental y emocionalmente era un maestro, le gustaba enseñar y a mi, a mi me gustaba mucho aprender. Aprendía en la cocina, en la regadera, en la cama, en los bares, en las plazas, en las iglesias, en las librerías, pero sobre todo, aprendía de las promesas que me susurraba en los labios todas las mañanas. Aprendí a no creerle a la gente que dice que te amará por siempre, por que en una librería a la que él me llevó compré un libro que decía que nadie dura para siempre; aprendí a no creerle a la gente que te promete guardarte siempre tu lado de la cama, por que los bares y las filas en el confesionario de las iglesias me enseñaron que para todo y para todos hay un turno (y sobre todo, que la fila avanza rápidamente); Lo que aprendí sin promesas a cambio fue el arte de disponer el cuerpo a placer de uno mismo y del acompañante, que sirve de plato y de cocina y que el baño siempre es mas divertido de a dos en dos.

Un si condescendiente y eterno a mi segundo novio. Si, nos haremos viejos juntos en una casa frente a la playa. Si, aprovecharé todas las oportunidades que tenga para venir a verte, desde mi ciudad a la tuya aunque tu no vayas a la mía Si, te amo eternamente. Si, puedo dejar de ser yo para convertirme en lo que tu quieres que yo sea, en quien tu esperas. Si, hagamos las cosas a tu modo, ese que siempre terminas convenciéndome de que es el mejor. Si, estoy muy cansado de ti y de tratar ser alguien que no soy solo para hacerte ver que te sigo amando de la forma en que te gusta ser amado. Si, ya no quiero ser este César que tu construiste. Si.

¿Y de mi tercer novio?, ése que me preguntaba si creía en el amor eterno, a el, a el le aprendí a renunciar; a renunciar a las promesas, a los planes, a la formalidad, a la puntualidad, a lo que uno de verdad quiere. Aprendí que el amor si es eterno. Aprendí del amor que yo me construí para mi, el amor imperfecto. Conocí el amor que se cansa de siempre entregarse sin medida. Aprendí el amor que se goza cuando se está en igualdad de condiciones, de inversiones. Aprendí del amor que perdura aún sobre uno mismo, sobre el amor propio. Terminé por concebir la eternidad del amor, que el amor si es eterno; que dura la eternidad de una mirada, de una sonrisa, de una lagrima, de un gemido ahogado entre sábanas. Aprendí pues, que el amor si es eterno, que se construye, que se cansa, que se sufre que se goza y que perdura sobre muchas cosas. Pero que ese amor no puede ser para otra persona mientras no sea para uno mismo. Aprendí el dolor de un corazón hecho pedacitos que puede seguir desmoronándose aún después de terminada la batalla.

Hoy, aprendí que cuando ya no se puede aprender mas por que uno ya se sabe las cosas por constante repetición, hay que buscar nuevos maestros.

Gracias a estas tres grandes personas y grandes maestros de vida que tuve, gracias por todos los maravillosos momentos que pasamos juntos, gracias por arrancarme todas esas sonrisas y sensaciones, gracias por todo lo bueno y lo no tan bueno.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Life during war time


Esta canción define perfecto mi domingo.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Mesa para dos.



¿En que punto uno cambia? ¿En que punto uno deja de ser ese niño coqueto, risueño y agradable; para convertirse en todo seriedad y sinsentidos?

Te cuento lector que tenía rato que alguien no me dejaba sin opciones a la hora de invitarme a salir, al grado tal de no poder decir no, llegué de correr y ahí estaba él afuera de mi casa, llegamos al mismo tiempo...

Yo: sht sht.
El (bajándose del carro): Hey, venía por ti para ir a cenar por que eres muy Diva y no hay manera de encontrarte en redes sociales y no contestas nunca el celular.
Yo: Ya no tengo celular... te saludo sin abrazo por que estoy todo sudado.
El: (me jala hacia a él para abrazarme sin decirme nada).
Yo: ...
El: ¿Entonces? (mirada inquisidora escaneando mi facha).
Yo: Dame 15 min. solo para bañarme.
El: Jeans y playera, no te pongas muy guapo.

Cenamos en un lugar que me gusta mucho y aunque la cita no haya sido en un tono romántico, sino de amistad (Quiero pensar), me redescubrí en ésta faceta que hace mucho no tenía, la de salir con alguien muy seguro de si mismo y de lo que quiere obtener conmigo, a cenar; por que no es igual salir con alguien con quien regularmente lo haces (Quien te da por hecho) y se tiene esa rutina de visitar los mismos lugares y tener los mismos temas de conversación que cada vez se agotan más y más. No, esta vez fue diferente, esta vez era yo, pero no un yo habitual sino un yo que hace mucho no me permitía sentir, un yo coqueto, risueño, conversador, agradable, resuelto, pero sobre todo, dispuesto.

Para cuando me dí cuenta la cena se había terminado y yo no me había callado en toda la noche, como esas personas que hablan y hablan y hablan cuando están nerviosas, ¿De qué estaba nervioso? Para cuando me di cuenta ya me había ido de cuatro y hablado de más. Está demás decir que no me dejó pagar la cena y no por "quedar bien", sino por que así es el, es una persona segura, sabe que quiere y como obtenerlo, es una persona afable y por demás agradable a la vista y a los sentidos... de esos chavos que no hay forma de que no te gusten. ¿A que viene todo esto?, A que me da mucho gusto poderme experimentar a mi mismo como una persona agradable, y digna de insuperable compañía. Aclaro que no soy de esos chavos feos y raros, al contrario me considero un hombre agradable a la vista y con tema (de esos que saben un poquito de todo para poder platicar todo de ese poquito de lo que se habla, de esos bien leídos y amables), pero tampoco soy una persona que salga mucho (a solas) con otra en un plan que no se si es de amigos; soy mas bien medio torpe socialmente para eso, no por que no sepa como, sino por falta de practica, habían pasado ya, los dos años y medio desde la última vez en la que fui la mejor versión de mi mismo solo por el placer de disfrutarme y que me disfrutaran así.

Me dí cuenta de algo, me di cuenta que a final de cuentas uno solo quiere compartir momentos agradables, con gente que tenga la valentía y seguridad suficientes para generarlos y costearlos (y no estoy hablando precisamente de la cuestión económica), no para pedirlos, por que al pedir siempre se deja abierta la puerta a la negación de una buena invitación. Me di cuenta que disfruto enormemente mi capacidad de dar ese tipo de satisfacciones a otra persona, de brindar una inmejorable compañía y de mi gusto enorme por dar placer y ser placentero a los demás.

Un aplauso a todos aquellos hombres que tienen la seguridad suficiente como para que a pesar de nosotros mismos lograr obtener lo que quieren, y que eso que quieren sea el placer en común. Mi más sincero agradecimiento y la mas bella de mis sonrisas a este hombre en particular, por que sin saberlo, hoy me rescató de mi negación a disfrutar de esta parte que tanto me gusta y en la que soy tan bueno: la apertura a conocer nuevas personas y la posibilidad de enamorarme de nuevo; que me rescató de mi negación a ser una persona que gusta a los demás hombres (y que casualmente no son esa persona que me gustaría que me amara (de nuevo)), de mi constante lucha por guardar el lugar de quien no quiso ocuparlo más, para él mismo, esperando que volviera. La mas tierna de mis miradas para él, que a pesar de mi mismo, logró hacerme feliz con solo pedir una mesa para dos.

Gracias por leer a este hombre agradecido a quien en la cena de hoy, le arrebataron sonrisas que hace mucho tiempo no se sonreían.

martes, 6 de septiembre de 2011

The one you say goodnight to - Kina Grannis

All love - Ingrid Michaelson.



 
 
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